El facebook de los muertos

El Facebook de los muertos

Beneficios corporativos, homenaje y exposición macabra

El espacio creado para que los alumnos de la Universidad de Harvard se intercomunicaran y compartieran contenidos, hoy cobija a más de 1.500 millones de personas… ¿Qué pasa con los que mueren?

¿Qué pasa con los que mueren?

La mitad de los internautas del mundo se conecta a Facebook al menos una vez al día. El espacio creado para que los alumnos de la Universidad de Harvard se intercomunicaran y compartieran contenidos, hoy cobija a más de 1.500 millones de personas en todos los continentes que hacen justamente eso: comparten y se intercomunican ¿Qué pasa con los que mueren?

Mark Zuckerberg, El Facebook de los muertos, 2016.
Mark Zuckerberg, El Facebook de los muertos, 2016.

Breve historia de Facebook

Esta aldea gigante de usuarios tiene su origen en el año 2004, cuando Mark Zuckerberg abrió el sitio web Thefacebook. Si fuésemos otros once años atrás, es decir si dobláramos la edad de Facebook en un viaje al pasado, deberíamos buscar a Zuckerberg en las afueras de Nueva York. Probablemente lo encontraríamos en medio de alguna actividad razonable para un niño de nueve años: jugando con su Atari 800, por ejemplo. Los parámetros cronológicos nos ayudan a visibilizar cuán vertiginoso puede llegar a ser un proceso descomunal. La red social más grande es el mejor exponente de este tipo de procesos y, también, de las lagunas legales o morales que se pueden formar en las entrañas (y en la superficie) de un fenómeno tan masivo.

El Facebook de los muertos. © Pawel Kuczynski
El Facebook de los muertos. © Pawel Kuczynski

Crecimiento mensual de 10 millones de usuarios

El pionero de las redes sociales, cuyo crecimiento mensual es de 10 millones de usuarios, debe poner cada vez más de sí mismo para poder incrementar el número de cuentas nuevas. Tres de cada cuatro personas con acceso a internet ya tienen un perfil azul. El petróleo para Facebook está en Angola, donde sólo el tres por ciento de la población tiene conexión a la red. En ese sentido, la compañía proyecta brindar acceso a internet por medio de una red de satélites y drones.

Dentro de esa bolsa inmensa de cuentas, un porcentaje (inferior al 10%) de ellas son duplicadas o falsas. Y hay otra porción que corresponde a personas fallecidas y que todavía no fueron cerradas: 30 millones de usuarios de Facebook habían muerto hasta el año 2013. En su conjunto vendrían a ser algo así como cantidades de bytes que hacen bulto. Se consideran activas las cuentas que se actualizan al menos una vez al mes, unos 1.500 millones en el caso de la red de Zuckerberg. Abrir una cuenta en Facebook es bien fácil: se necesita una conexión a internet y seguir unos pasos sencillos. Pero cerrarla es un poco más complicado. Facebook sigue la lógica universal de las empresas de telecomunicaciones, según la cual se facilita la creación de nuevos usuarios y se le pone obstáculos a quienes quieren darse de baja. En ese contexto se ha ido formando una nebulosa de cuentas de usuarios muertos cuyos familiares decidieron no cerrarlas o cuyos pedidos de cierre fueron desatendidos. Desde la compañía reconocen la existencia del problema y aseguran que están trabajando para encontrar una solución. Sin embargo, aducen que, como todos los días muere gente que tiene una cuenta azul, actualizar el estado de sus usuarios es una tarea imposible.

El Facebook de los muertos. © Sebastian Pytka
El Facebook de los muertos. © Sebastian Pytka

¿Cómo tramitar una baja?

Pero la generación de estas lagunas no es responsabilidad exclusiva del desdén de la red social para dar de baja suscripciones. En muchos casos los familiares del usuario fallecido deciden mantener la cuenta abierta: usan ese perfil como una especie de santuario virtual, donde visitan al difunto en fechas determinadas y le obsequian imágenes y palabras. En una forma que tienen las prácticas posmodernas de ir reemplazando los actos físicos que caracterizaron a este mundo por unas nuevas acciones digitales. Después de todo, el muro on line de alguien que ya murió es un buen lugar para recordar sus buenos momentos. Además, cumple con dos de las máximas de esta era: permite exteriorizar momentos de máxima intimidad (como la muerte de un familiar) y resulta muy fácil hacerlo (un click). Porque, si Facebook es la pantalla en la que se proyecta prácticamente toda una vida (nacimientos, las mesas, las camas), ¿por qué no iba a ser la pantalla que proyectara el luto? Y, si se ha ido adoptando, tan naturalmente, la mecánica superficial que imponen los buscadores de internet, el facilismo que brinda la red, ¿por qué no se iba a resolver el homenaje a un familiar muerto con un click a una foto, a unas palabras o a una canción en sus perfil póstumo?

Autor: Nacho Lopez

Nacho Lopez nació en el sanatorio Mitre un 19 de noviembre. Después, otro día, nació el escritor. En Buenos Aires cursó el primer año de Comunicación Social en un pequeño edificio, en la localidad de Merlo, que tuvo sus mejores épocas como bailanta tropical. Los años siguientes fueron en una antigua fábrica textil provista de aulas magnas con enormes ventanales industriales. Recordando a menudo esa extraño y noventoso modo de asignación edilicia argentino, ya en Barcelona, asistió a un puñado de cursos de narrativa en diversas aulas y bibliotecas de la ciudad condal, en la que actualmente vive y de la que a veces piensa con alivio: “ésta no va a poder conmigo”. Le gustan los libros, prefiere los de papel. Escribe en Verböten sobre libros o sobre la trascendencia de estos, sobre los autores de esos libros, acerca de su definitivo impacto.

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