Cuando Anonymous era un chiste

Anonymous, el origen: Tom Cruise, cienciología y memes de gatitos

Cuando el ciberactivismo era un chiste

Sabemos que llevan una máscara inspirada en un personaje de cómic, que hablan con siniestras voces distorsionadas en sus vídeos y que son capaces de tumbar webs de alta seguridad pero, ¿de dónde salió Anonymous?

¡Sabemos que llevan una máscara inspirada en un personaje de cómic, que hablan con siniestras voces distorsionadas en sus vídeos y que son capaces de tumbar webs de alta seguridad pero, ¿de dónde salió Anonymous?

Anonymous, 4chan y el underground de internet

En los albores del nuevo milenio, un grupo de frikis posteaba anónimamente chistes ofensivos, memes de gatitos y manga subido de tono en 4chan, un foro estadounidense. Pasaron años en los que su única preocupación fue reírse a costa de la creación de troles absurdos (comentarios ofensivos en conversaciones online con el único objetivo de provocar a los usuarios) o bromas surrealistas (como la creación de enlaces de apariencia seria que en realidad conducían a un bailongo videoclip de Rick Astley). La situación cambió cuando un locutor de radio de ideas neonazis insultó a un miembro de su comunidad. Decidieron castigarle hackeándole el ordenador y difundiendo la comprometida información que encontraron sobre él. El público interpretó como un ataque antirracista lo que para Anonymous no había sido más que una venganza por motivos personales. Esto llevó a un puñado de internautas con conciencia a unirse a sus filas, politizando la organización aún en contra de la voluntad de muchos de sus miembros originales, que lo único que querían era seguir tirándose pedos en línea. Y entonces, apareció Tom Cruise.

Cuando Anonymous era un chiste
Cuando Anonymous era un chiste

Tom Cruise, un video privado y el comienzo de la Cienciología en Hollywood

Todo empezó con la filtración de un vídeo privado de la Cienciología en la que el piloto de Top Gun aparecía soltando un iluminadísimo discurso sobre los poderes que le otorgaba su adorada iglesia. Aderezado en clave cómica con la música de Misión Imposible de fondo, el montaje corrió como la pólvora por la red, lo que llevó a la Iglesia a iniciar una agresiva campaña de acoso y derribo para hacerlo desaparecer. Por supuesto, cuanto más se esforzaban ellos, más interés se creaba alrededor del vídeo y de la organización que lo había sacado a la luz.

Anonymous respondió a sus amenazas como mejor sabían, con troleadas de todo tipo: colapso de sus líneas telefónicas y faxes, envío masivo de pizzas a sus sedes y lo que se convertiría en un poderoso y habitual recurso marca de la casa: atacando sus webs con muchísimas demandas simultáneas para bloquear así el servidor que las alberga. Esta técnica recibe el nombre de DDO (Dungeon and Dragons) y se explica muy gráficamente en el documental We are legion: se trata del equivalente virtual a movilizar a un montón de gente para que abarroten una estación de autobús de tal manera que sus usuarios habituales no puedan utilizarlo. Luego llegó la guinda del pastel: el vídeo en el que solemne, amenazante, Anonymous anunciaba haber decidido que “la organización tenía que ser destruida por el bien de sus seguidores, por el bien de la humanidad, y por su propio disfrute”.

Aquella nueva, llamativa forma de lucha contra el abuso de poder y la coacción de la libertad en internet atrajo atención generalizada, y cuando en un siguiente montaje, la organización instó a la población a salir a las calles en un día concreto y manifestarse en contra de la secta frente a sus sedes, la sociedad escuchó, compartió y celebró su llamada a la acción. Un código de conducta pautó su actuación: no llevar armas y cubrir sus rostros para evitar represalias por parte de la secta, con reputación de acosar a sus detractores. Entraron en juego entonces las máscaras, que acabarían convirtiéndose en su principal seña de identidad.

Cuando Anonymous era un chiste
Cuando Anonymous era un chiste

Máscaras, caras y caretas

Cualquiera familiarizado con el cómic o la película V de Vendetta sabrá que esa bigotuda sonrisa nace del homenaje de su protagonista al conspirador inglés Guy Fawkes que intentó fallidamente volar el palacio de Westminster a principios del siglo XVIII. Menos conocido es el hecho que su uso por parte de la organización nacía de un chiste privado de su foro, uno bastante bizarro, por cierto, protagonizado por el llamado “epic fail guy”: un tipo al que todo le sale mal que un día, no se sabe muy bien por qué, decide ponerse una máscara con el rostro de Fawkes.

Sea como fuera, la acción consiguió lo que quería, aunque no quedó impune. La poderosa Cienciología consiguió meter entre rejas a uno de los jóvenes participantes del DDO, pero el virus ya había germinado: no solo el del “hacktivismo” sino también el de un nuevo concepto de movilización y protesta social que iba a jugar un papel clave en acontecimientos futuros. Anonymous había dejado de ser un grupo de niñatos haciendo chistes para convertirse en el primer ejército virtual. En un próximo artículo repasaremos algunas de sus hazañas más sonadas. Hasta entonces, nos despedimos con su lema: “We are Anonymous. We are legion. We do not forgive. We do not forget. Expect us!” (“Somos Anónimos. Somos legión. No perdonamos. No olvidamos. ¡Espéranos!)

Cuando Anonymous era un chiste
Cuando Anonymous era un chiste

Autor: Elisenda Hernandez Janes

Nací en Barcelona, en una casa llena de libros y discos de los Beatles. Estudié, me fui, volví, he trabajado en diferentes empresas relacionadas con el sector cultural y ganado varios concursos literarios. A veces ando agitada por las calles, como si llegara tarde a algún sitio, y la música que escucho a través de los auriculares pierde su sentido. Otras me sorprendo sonriendo con el recuerdo de viejos veranos, o con la perspectiva de los que vendrán, y entonces querría pasarme el día así, canturreando por los paseos de eterna primavera y viento suave.

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