Yuri Herrera y La transmigración de los cuerpos

Rumiar ideas y disparar certero

Nació en 1970 en Actopan, al norte de la Ciudad de México, actualmente es profesor en la Universidad de Tulane, en New Orleans (Estados Unidos). Su prometedora entrada en la literatura, Trabajos del Reino, le supuso en 2003 el premio Binacional de novela Border of Words y en 2008 el Otras voces, otros ámbitos a la mejor obra de ficción publicada en España. Señales que precederán al fin del mundo (2009), finalista del prestigioso Rómulo Gallegos, y La transmigración de los cuerpos, publicada este año, ratifican a Yuri Herrera como un escritor que sabe rumiar ideas y disparar certero.

 

La transmigración de los cuerpos de Yuri Herrera fue publicado el 25 de enero de 2013 por Editorial Periférica, 136 páginas.
La transmigración de los cuerpos de Yuri Herrera fue publicado el 25 de enero de 2013 por Editorial Periférica, 136 páginas.

-¿Cómo nace tu vocación literaria?
-No tengo alguna escena muy clara sobre el momento en el cual lo decidí, y aunque esto suene a cliché verdaderamente es una cosa que siempre quise hacer, en cuanto aprendí a leer y escribir siempre me ha gustado escuchar historias, contar historias. Y desde muy chico empecé a hacerlo. Hace poco estuve en una reunión con compañeros de la primaria y me decían que se acordaban que desde niño yo me ponía en clase a escribir cosas. Y lo de contar y escuchar historias tiene que ver con que vengo de una familia en la que esto sucede mucho. Parte de mi infancia la pasé con una bisabuela que era analfabeta pero que contaba muchas historias. Y por otro lado mis padres, los dos, leen muchísimo y los libros son algo que nunca faltó en mi casa. Mi padre era historiador y escribió varios libros, mi tío Polo, el hermano de mi padre que también vivió en mi casa, era alguien que también leía mucho y él mismo se enseñó un par de lenguas para traducir algunos libros, aunque ninguno de ellos se dedicó a la literatura, a escribir relatos o novelas…

-¿Ser un escritor mexicano te lleva irremediablemente a escribir sobre fronteras despiadadas, narcos poderosos y corrupción?
-No, de ningún modo. Es amplísimo el número de temas sobre los que ha escrito la gente en México y sobre los que escribe hoy, y las formas en las que lo hace. A este respecto creo más bien que tiene que ver con que eso está ahí en el fondo de los distintos temas o historias a las que nosotros nos acercamos, pero no necesariamente es el núcleo de todas las historias que se están contando. Yo pertenezco a una generación a la que, desde que tenemos uso de razón, se nos ha dicho que estamos en crisis y al cabo de estas décadas esta crisis no ha desembocado en nada, más bien nos hemos dado cuenta de que esta es una cierta manera en la que funcionan las cosas, es un cierto arreglo. Un arreglo increíblemente corrupto, del cual toman parte nuestra clase política y nuestra clase empresarial, y por eso es parte de nuestra vida cotidiana, por eso está ahí presente. Pero en la literatura mexicana se están haciendo cosas muy interesantes y muy diversas: se está escribiendo novela fantástica, cuentos de ciencia ficción, novela erótica, novela histórica… Entonces no creo que todo pueda ser reducido a un puñado de temas o de formas. Ese es el escenario donde suceden un montón de historias, a veces el escenario se convierte en el tema central, pero no siempre.

México proviene de la macrolengua uto-azteca náhuatl y significa: el ombligo de la luna. Cuenta con una superficie cercana a los 2 millones de km² y una población de 118 millones de personas. Además del español están reconocidas 67 lenguas indígenas propias.
México proviene de la macrolengua uto-azteca náhuatl y significa: el ombligo de la luna.
Cuenta con una superficie cercana a los 2 millones de km² y una población de 118 millones de personas. Además del español están reconocidas 67 lenguas indígenas propias.

-Tengo entendido que antes de escribir una novela escoges un puñado de palabras que de alguna manera “guiarán” la escritura, como si marcaras en una gran hoja en blanco unos puntos dispersos para luego unirlos con un trazo y empezar a conformar el libro. ¿Podrías hablarnos de esta metodología y de sus razones?
-Esa es una de las cosas que hago. Me hago distintas listas: de palabras que me gustan; de palabras que sé que son importantes pero que no quiero usar, o que quiero utilizar estratégicamente; de anécdotas que he ido acumulando, ya sea que las haya escuchado o me las haya imaginado; de distintos nombres que me gustan para los personajes. Y frecuentemente no uso la mayoría de las cosas que aparecen en esas listas, procuro que se vayan acomodando las palabras conforme el proyecto me va creciendo en la cabeza, digamos. No es tanto que yo obedezca a la lista sino que aquello es como un cajoncito de herramientas que va creciendo y que en algún momento dado se va vaciando. Hay algo de cierto en tu metáfora de los puntos en la hoja en blanco, en el sentido que a veces cuando apunto esas palabras no tengo claro hacia dónde voy, pero no es que voy a crear el sentido a partir de una obligatoriedad que me da una palabra por estar ahí, sino más bien esa palabra va dotándose de sentido conforme alrededor de ella van sumándose otras palabras, expresiones o anécdotas.

-En tu libro Señales… una de esas palabras clave parece ser jarchar, que además es una invención tuya o al menos tu novedosa forma para referirte a algo parecido a marcharse. ¿Una de las reglas tácitas del lenguaje es jugar o experimentar con él?
-Más o menos, no es totalmente una invención mía. Yo lo convertí en verbo y lo convertí en otro tipo de sustantivo, pero viene de la palabra jarcha, que es un tipo de composición lírica medieval que aparecía en ciertos poemas escritos en árabe y que es lo que se entiende como uno de los rastros más antiguos de eso en lo que luego se convertiría la lengua española. Y frecuentemente también las jarchas estaban al final de un poema y eran la despedida de una voz femenina. Todo este conjunto de características a mí me parecía que describían en buena medida lo que estaba sucediendo en mi novela: un personaje femenino que está en transición. Me parecía que de algún modo esa palabra tenía que estar ahí sin ser explicada, que adquiriera su propio peso dentro de la historia y que estuviera presente constantemente. Entonces sí, es un poco como marcharse, salir de la escena.
Yo creo que todo el que escribe tiene que asumir que está jugando con la lengua, que en el momento en que está utilizando la herencia lingüística para contar algo personal la está convirtiendo ya en algo más, la está pasando por un tamiz de intimidad que tiene que transformarla. En la medida que nos hacemos conscientes de ello vamos a tener libertad, y vamos a poder utilizar soberanamente la lengua. Yo no sé si llamaría a eso experimentar, el problema que yo tengo con la idea de experimentar es que esto por sí mismo es lo que definiría la manera en la que utilizo la lengua. Y para mí eso que podemos llamar experimentar es más bien algo que sucede en función de la historia y de cómo la historia crece, de cuáles son las distintas maneras que necesito para contar esa historia de manera más precisa.

Yuri Herrera estudió Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y la maestría en Creación Literaria en la Universidad de Texas, en El Paso (UTEP). Es Doctor en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de California, en Berkeley, y editor de la revista literaria El perro.
Yuri Herrera estudió Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y la maestría en Creación Literaria en la Universidad de Texas, en El Paso (UTEP). Es Doctor en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de California, en Berkeley, y editor de la revista literaria El perro.

-Los protagonistas de tus tres novelas son hábiles con el verbo, ese talento no solo les da de comer, en los universos ásperos que construyes da la sensación de que de no mediar un criterioso uso de las palabras o del silencio la supervivencia se hace difícil, ¿la palabra es escudo y es lanza?
-Bueno, la palabra es algo que les da de comer, que les da de coger. Es una manera de entender el mundo y una manera, dentro de sus limitadas posibilidades, de transformar el mundo. En esto no hay ninguna agenda o intención de hacer un discurso moralizante sino más bien es algo que tiene que ver con esas obsesiones que uno va descubriendo en sí mismo conforme escribe y vuelve a escribir, y descubre que estas ideas regresan y regresan. En el caso de los tres personajes la palabra es tanto con lo que se defienden como con lo que se van abriendo camino.

-Has dicho que crees más en la precisión de las palabras que en la originalidad, no obstante la aparición de tus libros te ubica junto con las voces actuales más originales, ¿dónde crees que radica tu originalidad? Y la precisión, ¿representa una obsesión para ti en la construcción narrativa?
-Esto tiene que ver con lo que hablábamos sobre el asunto de la experimentación. A veces puede parecer que uno está experimentando con la lengua cuando lo que está tratando de hacer es hallar la manera más justa de describir un modo de ver el mundo, un modo de entender un personaje o una escena. A mí me parece que encontrar la manera precisa de describir algo, es la manera precisa en función de tu sensibilidad, en función de tus prejuicios, en función de tus pulsiones, tus rabias, tus predilecciones… Si tú logras sacar esa perspectiva íntima, lo que va a venir después de eso es la originalidad, por ponerlo de esta manera, pero no porque debamos buscar la originalidad per se, sino que eso tiene que ser una consecuencia de construir la expresión precisa, de construir la palabra precisa.
Más que una obsesión es para mí uno de mis principios de la escritura. Es decir, no es tanto estar buscando la palabra más original o la que a los otros pueda parecerles la palabra más original, sino la palabra que mejor responda a cómo estoy imaginando una situación precisa. En ese sentido sí que es algo que está siempre presente en mí.

-¿Cómo te llevas con los libros electrónicos como lector y como escritor?
-Bueno, ahora mismo se descompuso mi Kindle, eso tendría que decir algo. A mí me gusta tener los libros en la mano, pero también descubrí que el libro digital para algo era verdaderamente útil. Tengo una serie de libros de cabecera, son muy gruesos. O libros que he leído y que cada tanto me gusta releer o mirar algunas partes. El Quijote, La Celestina, Moby-Dick, La Biblia. Y encontré que era buenísimo tenerlos todos, todo ahí. Si te vas de viaje no necesitas llevarte una maleta aparte para todos estos ladrillos maravillosos. Para eso le he encontrado una utilidad, no pongo libros nuevos allí, sino libros que ya he leído, libros enormes.
Y he publicado muy poco. Mis novelas las he sacado con Periférica, que se ha tomado su tiempo para moverse hacia el e-book, y yo pues no tengo prisa.

-¿Qué es la patria para ti?
-Pues en primer lugar lo que tengo que pensar es que es una palabra demasiado manoseada, y demasiado utilizada como una coartada por bribones. En un segundo momento tiene que ver con algunos reflejos aprendidos desde chico, que a veces traen orgullo y a veces traen vergüenza, pero que inevitablemente siempre siguen ahí. No sé si igualar la patria con el terruño o el país, a veces se entienden de la misma manera. En todo caso sí hay algo un tanto intangible ahí que ayuda a definirse uno mismo, por más que sea crítico de los nacionalismos y los patriotismos. Entonces en ese sentido la patria puede funcionar también como un punto de referencia.

-Para terminar, si ante la eminencia del fin del mundo tuvieras que preservar una sola de todas las obras de arte, de cualquier tipo de arte, producidas por la humanidad, ¿cuál sería?
-¿Una sola? Lo que pasa es que es una pregunta un poco tramposa y la respuesta también puede serlo: uno podría escoger una película documental sobre el arte universal. También es una pregunta que, no importa lo que respondas, siempre será injusta la respuesta. Entonces, ya que de cualquier manera vamos a perder todo lo demás, me quedaré con La Stravaganza de Vivaldi. Restaría saber si en esa distopía o en ese mundo apocalíptico habrá dónde tocarlo…

La colección de doce conciertos compuestos por el compositor y músico barroco Antonio Vivaldi entre 1712 y 1713, conocida como La Stravaganza fueron publicados por primera vez en 1716 encargados por el noble veneciano llamado Sr. Vettor Delfino.
La colección de doce conciertos compuestos por el compositor y músico barroco Antonio Vivaldi entre 1712 y 1713, conocida como La Stravaganza fueron publicados por primera vez en 1716 encargados por el noble veneciano llamado Sr. Vettor Delfino.

Autor: Nacho Lopez

Nacho Lopez nació en el sanatorio Mitre un 19 de noviembre. Después, otro día, nació el escritor. En Buenos Aires cursó el primer año de Comunicación Social en un pequeño edificio, en la localidad de Merlo, que tuvo sus mejores épocas como bailanta tropical. Los años siguientes fueron en una antigua fábrica textil provista de aulas magnas con enormes ventanales industriales. Recordando a menudo esa extraño y noventoso modo de asignación edilicia argentino, ya en Barcelona, asistió a un puñado de cursos de narrativa en diversas aulas y bibliotecas de la ciudad condal, en la que actualmente vive y de la que a veces piensa con alivio: “ésta no va a poder conmigo”. Le gustan los libros, prefiere los de papel. Escribe en Verböten sobre libros o sobre la trascendencia de estos, sobre los autores de esos libros, acerca de su definitivo impacto.

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