Entrevista a Javier Fórcola, Director de Fórcola Ediciones

Desde la trinchera

[bs_lead]Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, postgrado en Estudios avanzados de edición por la Oxford Brookes University y profesor en el Master de edición UAM-Edelvives. Desde 2007 dirige Fórcola Ediciones, sello independiente dedicado a ensayos de cultura, historia y sociedad que según él, es la trinchera desde dónde contempla este mundo tan hostil. Javier Fórcola, imprescindible en estos tiempos.[/bs_lead]

 

-Convengamos que presidir una editorial no es algo muy común. ¿Cómo llegas a esta profesión?
-Llevo toda mi vida profesional dedicada al mundo del libro, he trabajado en librerías y en editoriales, y tras veinte años en esto del papel impreso, concibo mi trabajo en términos vocacionales. Hace un tiempo tomé la decisión de dejar de trabajar para otros y empezar a construir mi propia casa editorial. No presido una editorial, sino que vivo en ella: Fórcola es la trinchera desde la que contemplo el mundo, y mi catálogo (porque somos una editorial de catálogo), es una manera de mirar, actuar y comprometerse en este mundo, tan hostil. Por tanto, esto de editar es más que un trabajo: editar es un oficio, artesano, personal e intransferible, es una militancia, es un compromiso, para los que uno se prepara durante toda la vida. ¿Mi escuela? La propia vida. Sí, los estudios reglados, universitarios y de postgrado, son importantes, pero la experiencia de vida y profesión son fundamentales. Que Fórcola dedique sus energías a divulgar libros de ensayo no deja de ser una proyección de los gustos e intereses de su editor. Una licenciatura y varios masters en el entorno de las humanidades habrán influido en ello, pero sobre todo un lector inquieto, insaciable, curioso, aficionado a varios temas que presiden una biblioteca personal que no deja de crecer. Si tuviese que definirme como editor diría que soy un editor lector.

-La editorial mantiene una temática clara con sus publicaciones. ¿Por qué se eligió esta línea en particular? 
-Tras cuatro años de intensa actividad, hemos publicado 40 títulos, que se reparten en las cuatro colecciones abiertas en nuestro catálogo: Señales, dedicada al ensayo en español de cultura, historia y sociedad; Periplos, dedicada a la narrativa de viajes; Siglo XX, dirigida por Fernando Castillo, dedicada a las relaciones de Historia y Cultura en el pasado siglo; y Singladuras, que presenta textos singulares en cuidadas ediciones, de clásicos y modernos. El género es el ensayo, que tiene una larga tradición en español. Las temáticas, diversas, pero siempre en el entorno de las humanidades. La edición entendida como compromiso, en la línea antes apuntada, la «edición-sí», que busca generar valor en la sociedad en la que vive, más allá de una simple actividad empresarial o un éxito comercial.

-Competir con gigantes como Planeta o Santillana debe ser una tarea difícil. ¿Cuál es la situación de las editoriales independientes? 
-Las pequeñas editoriales, producto de proyectos unipersonales, han proliferado en los últimos años. Quizá sea un reflejo de la situación dramática que vive el sector del libro en concreto, y el mundo de la cultura en general. Por un lado, el sector del libro es una máquina de destrucción de empleo: en los últimos años se ha despedido a muchos empleados de grupos editoriales, desde colaboradores del proceso editorial hasta comerciales. A su vez están cerrando distribuidoras y librerías. Todo ello consecuencia del desmontaje (sin vuelta atrás) de un paradigma del libro que, ya caduco, se ha basado en los últimos cuarenta años en el libro de texto y en el producto “pelotazo”, es decir, en el libro tratado como un producto-masa, mero artículo de consumo. La desvalorización del libro como un objeto cultural es lamentable. Un modelo que ha dado preponderancia a lo cuantitativo, dejando de lado un planteamiento cualitativo y generador de valor. Frente al libro considerado como objeto cultural, al libro se le trata como si fuese un yogurt o un paquete de galletas. El libro y todo el rico mundo que ha vivido de él se está viniendo abajo, no por culpa de la piratería o del libro electrónico, sino por la incompetencia de los que, sin querer dejar de liderar un lobby de intereses creados, han sustentado un modelo que solo ha beneficiado a los grandes. La alternativa a este modelo es el autoempleo, la autoedición, la creación de pequeños sellos que han apostado por la calidad, por la creación de valor, por ampararse bajo el paraguas de la excelencia cultural. Pero sin el apoyo de las instituciones, ese modelo que apuesta por la sostenibilidad, por la edición de catálogo, por la edición cultural, tendrá los días contados. La falta de sensibilidad, la incompetencia y falta interés por la Cultura del actual gobierno me hace vaticinar un panorama negro y difícil para la edición cultural alternativa.

¿Qué gana o pierde el lector y el escritor en esta guerra desigual?
-Pierde la riqueza cultural del país, que no se regenera. Si se permite que desaparezca o desintegre la pluralidad editorial, se reforzarán los cimientos de una sociedad menos inteligente, menos preparada, menos competitiva y emprendedora. La Educación y la Cultura son los pilares fundamentales de un país que aporte valor al mundo. ¿Quién pierde? No solo los lectores, perdemos todos. No se trata de salir de una crisis, se trata de construir un país y de darle futuro, esperanza, proyecto. Y eso no lo da la economía, cuyas reglas de juego son otras. Nunca he pretendido competir contra los grupos editoriales: creo que la diversidad cultural es fundamental. Lo que lamento es que no se den las condiciones ni se aporten las ayudas y apoyos necesarios como para que los pequeños editores también podamos competir; lamento que los canales de comunicación con el Ministerio y las ayudas y subvenciones a las industrias culturales estén copados y teledirigidos por aquellos grupos editoriales. La desigualdad no viene marcada por los mercados: competimos en distintos mercados; la desigualdad no viene marcada por el tamaño de las empresas; no, la desigualdad viene marcada por un matiz: los pequeños editores competimos “con”; los grandes, “contra”. Este modelo nos borra del mapa. Esto ya no es una guerra de trincheras, es una destrucción masiva, sin piedad. Moriremos con las botas puestas.

-¿El hábito de la lectura está desapareciendo?
-La lectura no se crea ni se destruye, solo se transforma. Los lectores no se fabrican, son personas concretas, y son opacos e inmunes a las estadísticas. Es más, los lectores maduran y lo que aprenden, fundamentalmente, es a no leer, es decir, a saber elegir lo que no están dispuestos a leer. Destruiremos la lectura tan solo si destruimos a los lectores (y hay precedentes). Los lectores ahora leemos en otros soportes que el papel. Antes fue el códice, el papiro, la tablilla, la seda, el barro. Ahora, el pixel. Ordenador, Tablet, ebook, iPhone, iPad, móvil, y lo que venga. Creo que hay que seguir trabajando, y mucho, por el fomento de la lectura. Creo que hay mucho por hacer. Creo que se puede hacer mejor. Porque el hábito de la lectura es uno de los elementos dinamizadores de la sociedad y de creación de riqueza más potentes que conozco. La lectura no solo nos hace más libres, puede hacernos mejores. Donde haya lectores, allí estaremos editores comprometidos generando valor. Habrá otros que simplemente les ofrezcan basura, como siempre. Pero el lector inteligente, que más de uno hay, discriminará y elegirá.

-¿Cuántos libros puedes llegar a leer en un mes?
-Vivo leyendo. Como te decía, soy casi antes lector que editor. Bien es cierto que desde que me dedico a la edición leo con otros ojos. Aun así, me reservo un tiempo cada día para leer aquello que simplemente me da placer. La lectura es mi deporte, mi descanso, mi spa, mi momento de liberación, mi estimulador cerebral, mi inspiración, mi consuelo. Mi mesilla de noche siempre tiene un par de pilas de libros con los que estoy trasteando. Normalmente hay entre cuatro y ocho libros en danza, a parte de las lecturas de la editorial y otras consultas. Pero realmente no sé cuántos libros leo al mes.

-Dicen que en casa de herrero cuchillo de palo. ¿Escribes?
-No. Doy fe de que en ninguno de mis cajones hay una novela, ni la habrá. Sí he escrito y publicado artículos de reflexión sobre el sector y el mundo del libro, algunos en solitario y otros con mi colega Manuel Gil, con el que llegué a publicar un libro titulado El nuevo paradigma del sector del libro (Madrid, Trama, 2008).

-¿Qué buscas en un libro para publicarlo? ¿Te llega material de escritores noveles?
-Aunque ha habido algún autor novel, nuestro catálogo se nutre fundamentalmente de dos fuentes: la propia investigación y los encargos. Es decir, respondiendo a los propios intereses en una línea editorial muy concreta (el ensayo sobre cultura, historia y sociedad), trabajamos y seguimos la pista a un autor o a un tema, o proponemos un libro a alguien. A la inversa, ha ocurrido que con quienes ya trabajamos nos han propuesto ensayos que responden a esa línea. Buscamos rigor, calidad y un tema que suscite el interés de un lector culto, pero sobre todo curioso, que se deje sorprender. Nuestro requisito fundamental: la excelencia.

Para ir terminando, ¿cuál fue el peor error ortográfico o gramatical que publicaste?
-La errata es parte consustancial de este oficio. Nos recuerda que somos humanos. Una de las más graciosas que recuerdo: un despiste entre «b» y «v», de tal manera la criadita de la que está enamorado el aspirante a sacerdote –protagonista del libro de Arthur Rimbaud Un corazón bajo una sotana– luce sobre sus labios «ciertos bellos». Pobre, la chica tenía bigote, y nosotros se los teñimos.

Ahora si la última, ¿qué libro, de cualquier época y autor, te hubiera gustado publicar?
-Tantos…

 

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