Javier Cacho Gómez, un duelo en la Antártida

Entrevista a Javier Cacho Gómez. Un duelo en la Antártida

Escritor, físico y divulgador científico

[bs_leadEscritor, físico y divulgador científico español, Javier Cacho Gómez fue jefe del Laboratorio de Estudios de la Atmósfera en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida y autor de Amundsen-Scott: duelo en la Antártida, un libro imprescindible para entender a dos de las grandes leyendas de la exploración de nuestro planeta. Javier Cacho Gómez es una de las voces más claras de la historia, presente y futuro del continente blanco..[/bs_lead]

 

Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida / Javier Cacho Gómez/ Fórcola Editorial / 496 páginas
Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida de Javier Cacho Gómez | Verböten Magazine

-¿Cuánto tiempo te llevó Amundsen-Scott, duelo en la Antártida?
-Poco menos de dos años, pero es una cifra engañosa. Tardé dos años desde el momento en que comencé a escribirlo hasta que lo terminé y le envié el manuscrito al editor, pero el libro se gestó mucho tiempo atrás. ¿Cuánto?, pues no sería capaz de precisarlo, posiblemente desde la primera vez, hace ya mucho tiempo, que leí algo sobre la historia de las exploraciones antárticas y en concreto sobre ese duelo épico. Durante años fui leyendo todo lo que caía en mis manos sobre ese tema y todo eso fue creando, por una parte, un poso y, por otra, unas ganas (quizás sería más exacto llamarlo “ansias”) de saber más sobre todos esos exploradores que durante dos siglos se han ido acercando a la Antártida.

No, un libro –al menos en mi caso- no se comienza a escribir el día en que se toma la decisión de escribirlo y uno se enfrenta al desafío de 400 o 500 hojas en blanco; un libro comienza a escribirse mucho tiempo atrás, cuando uno ni siquiera es consciente de que va a escribirlo. Luego… ¿escribimos nosotros los libros o los libros deciden cuándo deben ser escritos? Yo no sabría contestarlo. Y ya puestos, hasta nos podríamos preguntar si ¿es el autor quien decide escribir un libro o son los libros quienes eligen a su propio autor? (risas) Si es así, yo me siento muy honrado de que este libro haya decidido que yo lo escribiese y el momento también creo que fue el adecuado.

Pero volviendo a la pregunta inicial sobre el tiempo que me llevó escribirlo. Dos años o puede que un poco menos, pero a un ritmo muy intenso y más considerando que tengo un trabajo, que es el que me da de comer, al que tengo que dedicar ocho horas al día de lunes a viernes. Pese a todo, fui sacando al menos cuatro horas diarias para el libro de Amundsen-Scott y los fines de semana doblaba ese tiempo. Y así semana tras semana, mes tras mes. A veces, cuando lo escribía yo me sentía también en una carrera, como los protagonistas del libro, donde había que avanzar cada día un par de páginas, al igual que ellos avanzaban unos cuantos kilómetros todos los días. Sí, también para mí fue una carrera, en este caso para tratar de tenerlo terminado coincidiendo con el centenario de la carrera al Polo Sur.

Y lo logramos, ellos llegaron al Polo y yo terminé el libro. Y en el camino, en esas largas marchas por el desierto blanco (de hielo en un caso y de papel en el otro) me fui haciendo amigo de esos personajes. Fui viviendo sus ambiciones y sintiendo sus miedos. Quizás por eso es un libro respetuoso con esos grandes exploradores. Creo que no podía ser de otra manera.

 Javier Cacho Gómez | Verböten Magazine
Robert Falcon Scott nació en Plymouth, Reino Unido el 6 de junio de 1868. Oficial de la Real Armada británica, dirigió dos expediciones a la Antártida: la Expedición Discovery (1901-1904) y la Expedición Terra Nova (1910-1913) Al regresar de ésta última, Scott y sus hombres, murieron de hambre frio y agotamiento. Javier Cacho Gómez | Verböten Magazine

-Contextualizar las travesías de ambos exploradores no habrá sido tarea fácil.. 
-No sabría decir si fue una tarea fácil o difícil. Era un desafío y, al igual que hicieron ellos, yo también decidí afrontarlo. Además, cuando uno hace algo con ilusión… el adjetivarlo como “fácil” o “difícil” no tiene mucho sentido. Desde el primer momento supe que tenía que hacerlo así y, al igual que esos dos grandes exploradores, yo no tenía más remedio que seguir avanzando.
Sin lugar a dudas hubo que leer una y otra vez sus diarios y los libros que escribieron (en el caso de Amundsen). Ir marcando en un mapa que me confeccioné sus rutas y llenarlo de anotaciones cruzadas. Ahora, recordándolo, fue apasionante. Sí, puede que mucho trabajo, pero… yo estaba disfrutando con cada uno de los puntos que avanzaban hacia el Polo. Les veía sobre esa superficie helada luchar contra los vientos, soportar las bajas temperaturas, aguantar el cansancio y… “mis trabajos” me parecían muy poca cosa comparado con los suyos.

-¿Tuviste acceso a algún tipo de material exclusivo de Amundsen o Scott?
-Podría decir que sí para quedar bien. (risas) Se supone que eso es lo que espera que diga un autor que se precie. Que encontró un material que nadie había reparado en él, que dio con un filón desconocido, que descubrió unos diarios perdidos en un anaquel de un armario perdido de la biblioteca de una universidad o en… Pero eso no pasa más que en las novelas. Este libro no pretendió nunca ser un libro para eruditos, para superespecialistas. Yo quise, desde el primer momento, acercar al hombre de la calle la hazaña de estos hombres legendarios y… para eso no hacía falta enclaustrarse durante años en bibliotecas recónditas desgranando el significado de cada una de las palabras de sus diarios. Eso ya lo han hecho muchos otros antes. Yo lo que hice fui acudir a ellos. Yo no me enfrenté a los diarios escritos por Amundsen o Scott de puño y letra, entre otras cosas porque no sé noruego (risas). Fui al material recolectado por otros y trabajé con ese material. Para un libro de divulgación no hace falta nada más. Lo otro sería una labor de investigación científica para hacer una tesis doctoral o para una publicación en una revista de “super especialistas” y no era esa mi intención. Por supuesto todo ese material estaba en inglés, los mejores especialistas en historia de la exploración polar escriben en ingles o sus libros se traducen a ese idioma. Y de esas obras, únicamente un 1% se traducen al español. En mi caso, no suelo fiarme de esas traducciones y recurro la versión original.

Realmente, el único material inédito con el que trabajé fue con los diarios de Bowers, que me fueron facilitados por un amigo mío australiano que había accedido a ellos para hacer, precisamente, su tesis doctoral. Pero en mi caso, todo ese material en el libro quedó reducido a no más de 20 palabras. Si hubiese hecho lo mismo (ir al material original) el libro hubiera sido en el 99,99% el mismo, pero eso sí, hubiera tardado 20 años en escribirlo.

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Una de las grandes diferencias estratégicas entre ambas expediciones fue que Amundsen basó su transporte exclusivamente en trineos con perros groenlandeses, mientras que Scott uso de caballos mongoles. Javier Cacho Gómez | Verböten Magazine

-Si tuvieras que elegir un pasaje de Amundsen-Scott, duelo en la Antártida, ¿cuál sería?
-Esto es como si a una madre, o peor a una abuela, le hicieran elegir una entre las miles de fotos que tiene de su nieto, no creo que fuera capaz de hacerlo. Además, creo que cada lector encontrará en el libro su pasaje, o pasajes preferidos, que estoy seguro que no coincidirán con los de los otros lectores. En cualquier caso, yo comentaré uno, posiblemente no sea el mejor escrito, pero es el que a mí me resulta más impactante. Tuvo lugar el 16 de enero de 1912. Los británicos se encontraban a unos 30 kilómetros del Polo Sur, iban a llegar al día siguiente y… pensaban que iban a ser los primeros. Creían, equivocadamente, que Amundsen y sus hombres habían seguido la misma ruta que ellos estaban siguiendo, es decir la descubierta por Shackleton unos años atrás. Y como no vieron sus huellas… pensaron que iban los primeros. Y de repente… todos sus sueños se volatilizaron al descubrir en la distancia una de las banderolas que utilizaban los noruegos para señalizar la ruta: después de dos meses y medio de esfuerzos, habían perdido la carrera.

Creo que no hay palabras para describir el impacto emocional de ese momento y, me temo, que yo tampoco en mi libro he sido capaz de describirlo. Pero no importa, un libro es algo vivo, no es algo congelado, y por lo tanto, no es el autor el que debe describirlo y escribirlo todo con precisión matemática. Cuando un lector lee un pasaje -aunque no lo quiera ni se lo proponga-, ese pasaje se reescribe antes sus ojos y se entremezcla con sus propios sentimientos. Puede parecer que un libro impreso siempre dice lo mismo, pero no es así, como lectores reescribimos un libro cuando lo leemos. Esa es la magia de la escritura y de la lectura.

-¿Recuerdas tu primer viaje a la Antártida? 
-Pues no me gusta mucho hablar de mí, prefiero hacerlo sobre esos exploradores que se atrevieron a desafiar todos los peligros para hacer retroceder las fronteras de lo desconocido. Pero ya que me lo preguntas, no quiero parecer desconsiderado. Pues no, la Antártida no era como me la imaginaba, nunca nada es como nos lo imaginamos. Todo siempre tiene nuevos destellos con los que nunca hemos soñado. En mi caso, no solamente descubrí un mundo majestuoso, sino también descubrí la grandeza del hombre que es capaz de dirigirse hacia aquellos lugares para enfrentarse con una naturaleza indómita que no perdona la más mínima equivocación. En aquel lugar descubrí que, por encima de esas fronteras de culturas e idiomas se encuentra el hombre, el ser humano. Allí uno se siente hermanado con sus semejantes y allí uno siente que el espíritu de solidaridad es más fuerte que el instinto de supervivencia.

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Javier Cacho Gómez también es autor de Antártida: el agujero de ozono (Madrid, 1989) y Las aventuras de Piti en la Antártida (Madrid, 2001) Javier Cacho Gómez | Verböten Magazine

-¿Cuál es el futuro del continente blanco?
-No lo sé. Es, -será- el futuro que nosotros le construyamos. Podemos dejar que siga siendo un continente para la Paz y la Ciencia o podemos contaminarlo con nuestras ambiciones desmedidas.
Yo soy un optimista y soñaré que seguirá siendo el lugar que yo conocí. Nuestra última reserva. Un lugar para el encuentro.

-Y para ir terminando, el análisis que haces en tu libro sobre los intereses socioeconómicos alrededor de las expediciones es magnifico. Actualmente el proyecto Mars One pretende llevar gente sin preparación a Marte(la primera semana obtuvo casi 80.00 aplicantes) ¿Como ex-miembro de la Comisión Nacional de Investigación Espacial que opinión te merece?
-Pues me maravilla la respuesta popular. En cierto sentido me dice, que contra las pesimistas previsiones de tantos, el hombre, el ser humano, sigue siendo una especie viva. Seguimos siendo el mismo hombre, el mismo ser humano, lleno de curiosidad que –como hace miles de años- quiso conocer lo que había detrás de las montañas que encerraban su valle. Seguimos queriendo saber lo que hay detrás, más allá.
Para mí, sin entrar en valoraciones sobre el proyecto y sus posibilidades reales, me parece una manifestación de esperanza. Aunque, si me permiten mi opinión, quizás no deberíamos buscar sólo nuevos horizontes geográficos o planetarios, sino también nuevas formas de convivencia entre todos nosotros, nuevas formas de sentirnos felices sin tener que recurrir a esquilmar los recursos de nuestro planeta. La pregunta ¿“Ser” o “Tener”? que planteaba Erik Fromm, como tantos filósofos o pensadores, todavía está ahí señalando el equilibrio que tenemos que buscar en nuestras vidas.

-Ahora si la última, ésta era inevitable, con quién te quedas: ¿Amundsen o Scott?
-Esa pregunta no la voy a responder. Ni puedo ni quiero. He tratado de hacer un libro imparcial, aunque me temo que uno nunca es completamente imparcial, somos humanos. Cada uno de esos dos exploradores es tan diferente que no tiene sentido compararlos, incluso creo que no sería justo hacerlo. Aprovechemos para nosotros, para nuestra vida, lo mejor que encontremos de cada uno de ellos. Por eso a mí, en un esquema muy simplificado, me gusta quedarme con la profesionalidad de los noruegos y con el entusiasmo de los británicos. A mí esa combinación me gusta.

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Roald Engelbregt Gravning Amundsen nació en Borge, Noruega el 16 de julio de 1872. Además de dirigir la expedición a la Antártida que por primera vez alcanzó el Polo Sur. También fue el primero en surcar el Paso del Noroeste, que unía el Atlántico con el Pacífico, y formó parte de la primera expedición aérea que sobrevoló el Polo Norte. Murió en el Mar de Barents el 18 de junio de 1928 en una operación de rescate. Javier Cacho Gómez | Verböten Magazine

Autor: Cristóbal Páez

Nació en Argentina a finales de los años setenta a orillas de la cordillera de Los Andes entre caña de azúcar, limones y una dictadura que ya despuntaba sus últimas locuras. Terminó la escuela como pudo y con 18 años se largo a viajar. Se unió a un circo en Buenos Aires, tocó el charango en las calles de Arequipa, comerció fósiles en el desierto de Atacama, vendió anillos en Rio y semillas para brujerías en La Paz. Llegó a la Europa de las vacas gordas y entre brindis y trasnochadas las vio adelgazar. El amor a las letras lo arrinconó en una de las esquinas de la vida, y con casi 34 años y la medida justa de rabia, fundó Verböten para escribir hasta morir o hasta que la tinta se acabe.

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