Sobre la Teoría de la generación espontánea

Sobre la Teoría de la generación espontánea

Contra el ateísmo de Stephen Hawking.

Ensayo que repasa y refuta la Teoría de la generación espontánea descrita por primera vez por Aristóteles y finalmente rebatida por Louis Pasteur.

Hay personas que se consideran ateas porque no logran corroborar científicamente de dónde provienen, pero curiosamente plantean algunos escenarios referentes al futuro de la humanidad. Sinceramente, confieso que se me dificulta la idea de poder predecir el porvenir sin conocer los eventos que originaron el principio de la vida. Imagínese, por ejemplo, que va al cine a ver una película de suspenso y a mitad de la función se pregunta quién será el asesino, pero no dispone de suficientes elementos de juicio o antecedentes para determinarlo.

Muchos seres humanos buscan respuestas a través de la religión, acudiendo a la figura de Dios; de esa manera establecen el origen, con lo cual el destino final estará basado en sus creencias religiosas. Sin embargo, otros confían en lo tangible, en aquello que se deriva de las experiencias científicas, aunque hasta el momento no hay evidencias contundentes que expliquen de dónde venimos sin tener que recurrir a Dios. Justamente este último grupo de personas se definen como ateas.

Recordemos que el diccionario de la Real Academia Española define “ateo” como aquel que ‘niega la existencia de Dios’.

En toda comunicación debe reinar el respeto bajo cualquier circunstancia, independientemente de si las personas piensan igual o diferente de nosotros. De modo que si alguna se confiesa atea, merece todo mi respeto y por ello también aspiro a que respete mi fe. Digo fe porque tengo expectativas sobre un futuro mejor después de este transitar terrenal.

Hablo de fe porque soy testigo de las maravillas del mundo, y la ciencia me ha brindado, y lo sigue haciendo, algunas evidencias que sostienen cuán precisas y específicas son las circunstancias de poder estar vivo hoy en día. Por otra parte, considero que la fe es un acto en el que Dios se nos revela, porque sin ella no se puede aceptar su existencia; en la Biblia se lee: “Pues sin fe es imposible agradar a Dios. Por cuanto el que se llega a Dios debe creer que Dios existe, y que es remunerador de los que lo buscan” (Hebreos, 11, 6).

Partiendo de lo anterior, voy a reflexionar sobre la opinión de un prestigioso científico que se ha ganado mi respeto y admiración, así como el de muchos en todo el mundo, por sus investigaciones sobre el origen del Universo y su extraordinario dominio de las matemáticas y la cosmología, que hace unos años se declaró ateo. Me refiero al astrofísico británico Stephen Hawking, nacido en 1942.

Stephen Hawkings nació en Oxford, Inglaterra el 8 de enero de 1942.
Stephen Hawking nació en Oxford, Inglaterra el 8 de enero de 1942.

En una entrevista que le realizó el periódico español El Mundo, en las Islas Canarias, en 2014, Hawking afirmó: “En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que podríamos conocer la ‘mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo”. Donde previamente se lee: “(…) el Universo puede crearse ‘de la nada, por generación espontánea’, y que la idea de Dios ‘no es necesaria’ para explicar su origen”.

Si mi memoria no me falla, seguro que la de ustedes tampoco, la teoría de la generación espontánea afirmaba que la vida podía surgir espontáneamente. Sin embargo, en el siglo XVII comenzó a rebatirse hasta que finalmente, en 1769, se comprobó que era falsa gracias al experimento del naturalista italiano y sacerdote católico Lazzaro Spallanzani (1729-1799).

Stephen Hawking, en pleno siglo XXI, retorna al escenario de la ciencia la teoría de la generación espontánea. Solo que amplía su rango, por decirlo de alguna manera, ubicándola a una escala cósmica, por lo cual me atrevo a denominarla la teoría de la Generación Espontánea [Cósmica], para referir el alcance y el contexto en que se aplicaría.

Me permito citar un breve fragmento del libro El gran diseño, escrito por Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, para ampliar la idea: “Como hay una ley como la de la gravedad, el Universo puede ser y será creado de la nada en la manera descrita en el capítulo 6. La creación espontánea es la razón por la cual existe el Universo. No hace falta invocar a Dios para encender las ecuaciones y poner el Universo en marcha. Por eso hay algo en lugar de nada, por eso existimos. ¿Por qué las leyes de nuestro Universo son tales como las hemos descrito? La teoría última del universo debe ser consistente y debe predecir resultados finitos para las magnitudes mensurables” (p. 132).

Entre las teorías científicas que explicarían nuestro origen, una de las más populares es el Big Bang (la gran explosión), donde comenzó todo el Universo, las leyes físicas y lo que nos rodea. No obstante, nuestra propia experiencia nos dice que las leyes no se crean de la nada, su deducción es producto de una inteligencia que busca esclarecer lo que somos capaces de observar.

Si le incomoda esta última afirmación porque la considera sesgada a causa de mis creencias religiosas, y considera factible el inicio del Universo gracias al Big Bang, permítame recordarle que ese nombre fue propuesto por un sacerdote y astrónomo belga, y también profesor de física, llamado Georges Lemaître (1894-1966), a quien la historia deberá hacerle justicia por haber sido el primero en proponer la Constante de Hubble tras su trabajo publicado en Anales de la Sociedad Científica de Bruselas (1927), según la cual “un Universo homogéneo de masa constante y radio creciente explica la velocidad de recesión de las nebulosas extragalácticas”.

Lazzaro Spallanzani (Italia, 1729-1799) refutó la teoría de la generación espontánea en 1769.
Lazzaro Spallanzani (Italia, 1729-1799) refutó la teoría de la generación espontánea en 1769.

Asimismo, considero incorrecto pensar que el origen del Universo es un acto del azar, como sostienen otros grupos de investigadores, ya que tal hipótesis implicaría que hubo un acontecimiento “previo”. Para evitar dudas al respecto, deseo precisar que entiendo por azar el acontecimiento fortuito o accidental o el ocurrido sin ninguna causa aparente. No obstante, y como lo están revelando algunas investigaciones científicas, existen procesos azarosos que ya se pueden ir explicando con ayuda de modelos matemáticos, a pesar de que sucedan sin ninguna causa. Un claro ejemplo de un proceso azaroso o estocástico es el comportamiento del índice bursátil donde las probabilidades matemáticas y la ayuda de sistemas de ecuaciones diferenciales no lineales pueden describir el comportamiento de un conjunto de variables aleatorias.

A raíz de este último comentario, una persona que se considere atea, deberá afrontar que la vida proviene de la nada, del vacío. Y la idea no le deberá molestar porque, después de todo, esa persona piensa que no hay nada más allá del entendimiento. Sin embargo, la ciencia nos está indicando que realmente no existe un vacío absoluto. Siempre existe algo más, como se ha ido mostrando en diversos experimentos gracias a los avances tecnológicos.

Hasta la fecha sabemos que la vida es consecuencia de una serie de coincidencias que se deben cumplir con una precisión milimétrica, y el razonamiento de algunas personas es que nuestra existencia se debe a una serie de combinaciones producto de miles de años de evolución. De esa forma, explican la vida sin recurrir a un “alguien”. Sin embargo, confieso que tantas coincidencias magistralmente orquestadas dificultan que acepte ese hecho, porque implicaría pensar que el tiempo realmente desempeña un papel creador en la vida.

Si aceptara el argumento planteado por Hawking sobre lo que he denominado la generación espontánea [cósmica], yo esperaría por lo menos encontrar otras formas de vida fuera de nuestro planeta. La razón de esta última afirmación es que no podemos considerarnos privilegiados en toda la galaxia, de modo que no creo que seamos los únicos seres en la vasta inmensidad del Universo.

Si bien es cierto que el Universo es “infinitamente” grande, también debe ser cierto que no estamos solos en el Universo.

Probablemente algunos ateos lo sean a consecuencia de los errores cometidos por la Iglesia a través de la Inquisición, donde se documentaron torturas y muertes en la hoguera, al punto que pidiera perdón el Papa Juan Pablo II (1920-2005) cuando indicó: “(…) la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo”.

Otro ejemplo de polémica con la iglesia fue la del físico ingles Isaac Newton (1643-1727), o más recientemente la del sacerdote francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), cuyo trabajo fue valorado en el año 2009 gracias al Papa emérito Benedicto XVI, al resaltar su pensamiento innovador sobre la evolución cósmica  (recientemente recordé su concepto de Punto Omega en el blog Naturaleza y Trascendencia).

Quizás otros sean ateos porque creen en un Dios que necesita adoración en las Iglesias.  Sin embargo, y a título personal confieso, voy a la Iglesia para encontrar la paz interior. Dios no me necesita, soy yo quién lo busco con la esperanza de retornar a su hogar, el Reino de los Cielos. De manera que la iglesia es como una bobina que llena mi espíritu de energía, donde momentáneamente encuentro tranquilidad.

Aristóteles fue el primero en describir la Teoría de la generación espontánea.
Aristóteles fue el primero en describir la Teoría de la generación espontánea.

En este punto, permítame hacer un paréntesis para explicar de manera simplificada el problema que ha motivado el presente ensayo. Imagine por un momento que usted pierde la memoria y de pronto despierta en un lugar donde no logra distinguir casi nada, como si tuviera los “ojos vendados”, pero sí escucha todo lo que ocurre a su alrededor. Es lógico que se pregunte: ¿de dónde vengo o hacia dónde debo ir? Tras la incertidumbre por no alcanzar una respuesta, puedo imaginar que sentirá miedo a lo desconocido, o quizás euforia por el impulso que conlleva la autosuperación personal, o simplemente se volverá apático y conformista mientras espera que algo más ocurra a su alrededor (serían algunos de los escenarios posibles).

Solo deseo que logre imaginar que usted está allí, en medio de un lugar que no conoce y que en ese escenario, usted decide hacia dónde quiere ir. Nadie más lo hará por usted. En ese lugar, usted elegirá qué hacer con su vida. Lo que intento señalar es que independientemente de una postura religiosa o atea, es únicamente suya la decisión de considerar qué desea crear en referencia al principio, y lógicamente al fin que ello conlleve.

Apueste por un futuro de fe, en vez de negar a Dios.

Si alberga dudas sobre la existencia de un creador, pero le gusta apostar, le invito a que lo haga por su futuro. Lo digo en un sentido literal y permítame exponerlo mediante la famosa “Apuesta de Pascal”, propuesta por el francés Blaise Pascal (1623-1662), quien infirió que es más seguro creer en Dios que negarlo. Se trata de un argumento basado en cuatro escenarios. En primer lugar, si crees en Dios, irás al cielo. El segundo indica que si crees en él, y no existe, pues no pierdes nada. El próximo afirma que si no crees en él, y no existe, igual no ganas nada. Finalmente, si no crees, pero existe, no irás al cielo. Por ende, la mejor apuesta es reconocer que Dios existe.

Propongo ahora otro ejemplo, que puede ayudar a ilustrar mi punto de vista. Actualmente, somos capaces de manipular genéticamente cultivos de bacterias. Las diseñamos y además podemos destruirlas si algo no concuerda con algunos de nuestros protocolos de trabajo. Si nos sumergimos, hipotéticamente hablando, en el mundo bacterial, me refiero a vivir entre las bacterias, desde esa perspectiva seríamos incapaces de ver el laboratorio, estaríamos aislados de la realidad de donde provenimos. Bajo esa suposición me atrevo a preguntarle: ¿cree que las bacterias serían capaces de preguntar cómo fue que llegaron a ese lugar? Y espero que no vaya a pensar que lo estoy comparando con bacterias. Lo importante es conceptualizar mi pregunta.

Louis Pasteur (Francia, 1822-1895) postuló la ley de la biogénesis con la que demostró que la Teoría de la generación espontánea era una falacia.
Louis Pasteur (Francia, 1822-1895) postuló la ley de la biogénesis con la que demostró que la Teoría de la generación espontánea era una falacia.

Más que justificar mi respuesta al ejemplo, solo quiero mencionar que recurrí a las bacterias porque recientemente se han publicado una serie de trabajos científicos que concluyen que ellas manejan mejor el estrés en forma colectiva que individualmente, a pesar de que no poseen un sistema nervioso y mucho menos un cerebro. A pesar de esa limitación, ellas se hablan a través del idioma de las reacciones químicas, como ha quedado de manifiesto en estudios en Bacillus subtilis. Otro ejemplo, por aquello de no tratar casos aislados, ocurre con la Escherichia coli, que muta más rápidamente en un ambiente bajo en estrés. Es como una conciencia colectiva que les garantiza su supervivencia.

Con todo ello, y retomando la razón del presente ensayo, considero que estamos parados en un camino con los ojos parcialmente cerrados, razón por la cual titubeamos, podemos tropezar y no distinguir bien nuestro medio ambiente, y lógicamente no discernimos el recorrido que debemos efectuar.

Es cierto que somos capaces de superar cualquier contratiempo o dificultad con el tiempo. Por ello, no es de extrañar que seamos seres altamente adaptativos a esa oscuridad, e incluso podamos generar mitos y fábulas que nos ayuden a superar ese miedo a lo desconocido. Nuestro entendimiento se construye gracias a nuestras experiencias del día a día, así como a través de una revelación divina que nos impulsan a ser, por ejemplo, sacerdotes o monjas.

Yo considero que mi existencia no es unhecho fortuito producto de la nada, porque la nada realmente no existe, por lo que nada llegaré a ser hacia el final de esta vida.

Si me quedo con la concepción de una generación espontánea [cósmica], como la planteada por Hawking, considero que nunca veré un camino que me permita encontrar mi destino final como la fe me ha revelado. Aceptar la idea de Hawking es como si hubiera decidido ponerme un par de gríngolas que solo me permitirían mantenerme en una pequeña sección del espacio. O que incluso al pasar cerca de otras personas me impidieran mirarlas. Solamente veo lo que decido observar. Tal razonamiento puede ser empleado igualmente por un ateo, así que en este momento reconozco que es imposible mostrar cuál de esas visiones es la correcta.

Para terminar, quiero explicar por qué uso la expresión de “caminar por la vida”. Obedece a razones religiosas que como señalé, he decidido aceptar por fe. Me inspiro en la segunda epístola de Corintios en la Biblia, mi mapa y brújula espiritual: “Por esto estamos siempre llenos de confianza, y como sabemos que, mientras habitamos en este cuerpo, estamos distantes del Señor y fuera de nuestra patria porque caminamos hacia él por la fe, y no lo vemos todavía claramente” (5, 6-7). Y tras leerlo, me doy cuenta de que el camino que debo seguir, no es el que percibo a mi alrededor, sino el que proviene de la fe.

He decidido quitarme las gríngolas de la razón científica, para poder abarcar el mundo sin límites ni restricciones, y ser capaz de ver los avisos que me conduzcan al final del camino. El Reino de los Cielos.

Cierro reafirmando mi creencia de que existe un principio y un fin que no hemos presenciado en forma consciente ninguno de nosotros. Yo apuesto a ganar y así garantizar mi salvación eterna. Soy testigo de las maravillas del mundo aunque esté inmerso en la oscuridad del conocimiento, en el sentido de que no conozco la realidad absoluta del Universo en el que vivo. Existe una razón de estar aquí, y yo encontré una respuesta que consuela mi espíritu, una sensación de paz por el hecho de que tras mi partida del mundo terrenal, finalmente voy a convivir con Dios.

Autor: Raúl Isea

Comencé mi formación en el mundo de la física para comprender las reglas de la naturaleza, pero fue necesario complementar mis estudios desde la óptica de la química teórica. Gracias a dicha formación, me sumergí en el campo de la Bioinformática donde el computador y las matemáticas me han permitido explicar procesos biológicos difícilmente observados en el laboratorio. Descubrí, a pesar de este caminar por las ciencias, que estamos muy lejos de conocer el significado de la realidad.

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