"El doctor", de Luke Fildes (expuesto en 1891, óleo sobre lienzo, 166 x 242 cm, Tate Gallery, Londres).

El Doctor: una angustia retratada en el siglo XIX con vigencia aún en el siglo XXI

Continuamos padeciendo enfermedades cuyos tratamientos aún desconocemos

En pleno siglo XXI, contando con los avances tecnológicos de la medicina, continuamos padeciendo algunas enfermedades para las cuales aún desconocemos un tratamiento efectivo, como por ejemplo la malaria, el cáncer y el sida, entre otras.

Siempre he imaginado nuestro futuro libre de enfermedades, sin sombra alguna de aquellas que pudieran llegar a desatar una pandemia. Sin embargo, en pleno siglo XXI, contando con los avances tecnológicos de la medicina, continuamos padeciendo algunas para las cuales aún desconocemos un tratamiento efectivo, como por ejemplo la malaria, el cáncer y el sida, entre otras.

Para colmo de males, están resurgiendo otras que se consideraban erradicadas como es el caso de la poliomielitis. Recordemos el éxito de la vacuna desarrollada por Jonas Salk (1914-1995) para combatir ese flagelo, la cual fue probada por primera vez en 1952. Desde entonces, y con un amplio camino recorrido por las tecnologías modernas, aún la polio es endémica en Nigeria, la India, Pakistán y Egipto.

La Organización Mundial de la Salud así como el Fondo de la ONU están realizando un gran esfuerzo para vacunar a más de cien millones de niños en África, y erradicar la poliomielitis en ese continente.

Otra afección que todos conocemos, de una u otra forma, es la epidemia de la influenza, que podría generar serias consecuencias en todo el mundo.

Teniendo presente estos hechos, al observar una reproducción de El Doctor, óleo pintado por el artista británico sir Luke Fildes (1843-1927), frunzo el ceño porque me recuerda la impotencia que suscita la imposibilidad de frenar y combatir muchas de las enfermedades que nos aquejan. La pintura transmite la inmensa preocupación de quien intenta —el doctor— aliviar a la niña que yace casi sin vida en una cama improvisada con dos sillas. Este cuadro, con el que Fildes evoca los cuidados del médico a su primogénito fallecido a causa de la tuberculosis en 1877, nos impele a la reflexión sobre la obligación y urgente necesidad de descifrar y curar en nuestros días la enfermedad y su sufrimiento, que existen desde que el hombre tiene memoria.

Quien tiene hijos reconoce en esta especie de “instantánea pictórica” ejecutada con maestría por el artista, la pena de la madre que llora angustiada ante la sombra de la incertidumbre que rodea a su hija enferma, así como la esperanza del padre que ofrece consuelo a su esposa.

He sido testigo de los continuos avances científicos ocurridos en los últimos años, por lo cual pienso que no está muy lejos el día en que el mundo quedará libre de cualquier enfermedad. Es probable que ese momento llegue antes del año 2100. ¿Por qué en esa fecha?, se preguntarán. Y me atrevo a responder que me baso en un ejemplo puntual: el corto tiempo transcurrido en términos de inventiva humana para disponer de un equipo de tomografía axial computarizado, cuya utilización con fines médicos se remonta a 1972, a partir de los primeros estudios matemáticos que fueron publicados en 1917. Es decir, que hace cien años no se había concebido la posibilidad de existencia de un equipo con este potencial médico para la detección y diagnóstico de nuestras dolencias.

De modo que solo espero que los nietos de mis hijos vivan en un mundo libre de enfermedades donde la única amenaza sea una eventual lluvia que pueda perturbar una fiesta en el jardín.

Autor: Raúl Isea

Comencé mi formación en el mundo de la física para comprender las reglas de la naturaleza, pero fue necesario complementar mis estudios desde la óptica de la química teórica. Gracias a dicha formación, me sumergí en el campo de la Bioinformática donde el computador y las matemáticas me han permitido explicar procesos biológicos difícilmente observados en el laboratorio. Descubrí, a pesar de este caminar por las ciencias, que estamos muy lejos de conocer el significado de la realidad.

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