La selección Argentina de Edgardo Bauza sufre en Brasil una derrota muy dolorosa por las condiciones en las que se da y se hunde en una espiral de depresión y de pobreza futbolística.

Tocó fondo, la Argentina de Bauza no da para más

La selección de Bauza besa la lona en el Mineirao y Rusia se aleja.

La selección Argentina de Edgardo Bauza sufre en Brasil una derrota muy dolorosa por las condiciones en las que se da y se hunde en una espiral de depresión y de pobreza futbolística.

No sabe para dónde arrancar

No sabe para dónde arrancar. Qué cara ponerle a esta crisis que se hizo insoslayable desde el momento en que Argentina se encontró fuera del mundial de Rusia (puesto con signos de exclamación en los titulares de los diarios) debido a la decisión de la FIFA de darle por ganados sus partidos frente a Bolivia (por un resultado de 3 a 0) a Chile y Perú por la mala inclusión de un jugador boliviano. Aunque esa decisión de escritorio no era necesaria para que en Argentina se encendieran las alarmas, ya que la versión Bauza de la albiceleste, en cuatro jornadas, no venía teniendo buenas formas. Lo cierto es que esos dos puntos que le cayeron del cielo a Chile le permitieron sobrepasar a su vecino transandino en la tabla y en Argentina empezaron a tomar real conciencia de la situación. Y, encima, se venía Brasil en Belo Horizonte.

Se trató de una decepción integral e insuperable, porque empezó mucho antes del partido en sí, empezó en la convocatoria misma.

Y vino Brasil. O en realidad Argentina fue a Brasil. Fue con la esperanza de que la vuelta de Messi al equipo envalentonara a la selección para traerse un buen resultado de ese partido chivo. ¿Y qué era un buen resultado? Por supuesto, un triunfo: aunque fuera ajustado, aunque fuera medio a cero. Un empate, claro: no perder de visitante ante un grande en ascenso como Brasil para luego, tres días después, hacer valer ese punto con una victoria en San Juan frente a Colombia. Incluso una derrota, según qué derrota, podría haber sido un resultado positivo. O no tan negativo porque, de hecho, la victoria histórica de Perú en Paraguay le salvó las papas a los argentinos y, con esos resultados que no cambiaron demasiado la geografía de la tabla de eliminatorias, una derrota peleándola hasta el final (la famosa y ya bastardeada derrota digna), por la mínima, o incluso este mismo tres a cero pero en medio de otras circunstancias (por ejemplo una Argentina que sale a comerse a Brasil y que casi lo hace pero el partido termina en derrota 3 a 0 porque esa actitud argentina abrió espacios en el fondo que Brasil de la mano de Neymar supo aprovechar para ganar con claridad…). Pero no, nada de eso se dio en Brasil. Lo que ocurrió fue que Argentina decepcionó y que Edgardo Bauza decepcionó. De hecho se trató de una decepción integral e insuperable porque empezó mucho antes del partido en sí. Empezó, esta gran decepción argentina, en la convocatoria misma.

La gestión de Patón Bauza, de momento, no hizo otra cosa que abrir interrogantes. Para empezar, uno que abarca a todos los demás: ¿es Bauza el que manda en la Selección Argentina?

La gestión de Patón Bauza, de momento, no hizo otra cosa que abrir interrogantes. De los futbolísticos y de los otros. Para empezar, uno que abarca a todos los demás: ¿es Bauza el que manda en la Selección Argentina? Y esta falta de claridad es un buen reflejo de lo que ocurre en la sede de la AFA, porque saber quién toma las decisiones en la Asociación del Fútbol Argentino hoy en día es algo tan difícil de descifrar como… ¡el Peronismo! Pero volvamos a las preguntas que surgen de la gestión de Bauza en el banco de la selección y de sus jugadores en el césped. ¿Por qué citar a Ezequiel Lavezzi que no sólo no viene mostrando un buen nivel sino que de hecho no viene mostrando nada porque lleva meses sin jugar? ¿Por qué, para potenciar esa situación desconcertante, la inclusión entre los suplentes del propio Pocho (que al final no jugó, fiel a su estado de los últimos meses) que le quita la posibilidad de participar al mejor jugador del fútbol argentino de la actualidad, hablo de Fernando Belluschi? ¿Para qué fue citado Belluschi? ¿Fue para conformar a “la gilada”? ¿Por qué  Enzo Perez jugó en una posición en la que “no juego hace cuatro o cinco años”, una posición que, justamente y ya para abundar en el tema hasta la exasperación, se le da muy bien ocupar a Belluschi? ¿Por qué Enzo Perez, de lejos el mejor jugador argentino en los primeros 45 minutos, sale en el entretiempo para que tenga una nueva oportunidad (¡otra!) un jugador que no aprovechó ninguna de las chances que tuvo hasta ahora como Agüero? ¿Cuál fue la idea que planteó Bauza, contraatacar? ¿Y no pensó en un plan B en caso de que Brasil decidiera esperarlo, como finalmente ocurrió? ¿No puede Argentina pensar en un plan para frenar a un jugador extraordinario como es Neymar, así como cada selección que enfrenta a Messi propone un plan para anular al rosarino? ¿Quiénes son, para Bauza, los generadores de juego en el medio campo que deben proveer a Messi e Higuaín, Mascherano y Biglia? ¿De verdad?

Lo dicen los números: Edgardo Bauza tiene, dentro de unas horas, una última chance.

Podríamos estar horas formulando preguntas que surgen de ver los partidos de la selección de Bauza, de sus convocatorias y de sus declaraciones post partido, desprovistas todas ellas de un mínimo de autocrítica. También podríamos especular sobre si es Messi el que decide todo, si son los jugadores “históricos” los que definen quiénes forman parte del plantel, cómo juega Argentina y quiénes son los titulares… Pero sería poco serio, ya que se trata de una información a la que no podemos acceder (al menos no con el rigor con el que nos gustaría). Lo que sí podemos hacer es comentar lo que nos produce esta selección. Y lo que vimos el viernes en el Estadio Mineirao fue la caricatura de una selección. Un equipo que tuvo quince minutos (los primeros) en los que parecía que sabía lo que quería, que tenía claro qué había ido a buscar a Belo Horizonte. Pero fue un espejismo. El propio Leo Messi declaró con respecto al primer gol de Brasil que “Después de ese golpe nos costó reaccionar, levantarnos… y el segundo nos terminó de liquidar”. Es que el segundo gol de Brasil pinta perfectamente la actualidad de la selección argentina: mientras los jugadores de Bauza esperaban que el arbitro finalizara el primer tiempo, Neymar y Gabriel Jesús jugaban al fútbol y liquidaban el partido. Después de eso los jugadores argentinos se arrastraron por el campo del Mineirao y sólo pudieron observar los números de las camisetas amarillas. Unos jugadores deprimidos, desgastados, venidos tan abajo que da la sensación de que cualquier selección que se lo plantee más o menos seriamente, les puede ganar. Y un técnico que parece no enterarse de lo que está ocurriendo y que, por lo tanto, no insinúa ningún tipo de reacción.

Lo dicen los números: Edgardo Bauza tiene, dentro de unas horas, una última chance. Veremos si la aprovecha y empieza a revertir la situación. Veremos si muere sin siquiera reaccionar o si, por lo menos, muere con las botas puestas.

Philippe Coutinho, Neymar y Gabriel Jesus disfrutan de un triunfo que los consolida en el camino hacia Rusia.
Philippe Coutinho, Neymar y Gabriel Jesus disfrutan de un triunfo que los consolida en el camino hacia Rusia.

Autor: Nacho Lopez

Nacho Lopez nació en el sanatorio Mitre un 19 de noviembre. Después, otro día, nació el escritor. En Buenos Aires cursó el primer año de Comunicación Social en un pequeño edificio, en la localidad de Merlo, que tuvo sus mejores épocas como bailanta tropical. Los años siguientes fueron en una antigua fábrica textil provista de aulas magnas con enormes ventanales industriales. Recordando a menudo esa extraño y noventoso modo de asignación edilicia argentino, ya en Barcelona, asistió a un puñado de cursos de narrativa en diversas aulas y bibliotecas de la ciudad condal, en la que actualmente vive y de la que a veces piensa con alivio: “ésta no va a poder conmigo”. Le gustan los libros, prefiere los de papel. Escribe en Verböten sobre libros o sobre la trascendencia de estos, sobre los autores de esos libros, acerca de su definitivo impacto.

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