Pelota herida, 2016.

El fin del sueño de la generación de Messi

Pelota herida

A la renuncia de Leo Messi a la selección se le sumó la de Gerardo Martino. El genio fuera de juego, el resto de los jugadores deprimidos, la máxima entidad del fútbol del país descontrolada y una afición decepcionada y hostil. La AFA, tambaleante desde la muerte de Julio Grondona dos años atrás, es el mango de una sartén a fuego vivo. La transición, el after Grondona, hace sangrar la pelota en el país que marchaba primero en la clasificación de la FIFA y donde el mejor del mundo ya lleva nacido dos veces.

[bs_lead]A la renuncia de Leo Messi a la selección se le sumó la de Gerardo Martino. El genio fuera de juego, el resto de los jugadores deprimidos, la máxima entidad del fútbol del país descontrolada y una afición decepcionada y hostil.  La AFA, tambaleante desde la muerte de Julio Grondona dos años atrás, es el mango de una sartén a fuego vivo. La transición, el after Grondona, hace sangrar la pelota en el país que marchaba primero en la clasificación de la FIFA y donde el mejor del mundo ya lleva nacido dos veces.[/bs_lead]

Burbuja reventada

Muchos hinchas argentinos creyeron que su selección iba a los Estados Unidos a completar los tramites correspondientes para llevarse la Copa América Centenario y acababa así con la sequía de títulos albiceleste. Error. Medios y periodistas no se quedaron atrás: esta publicidad de tono superado–burlesco de TyC Sports es ejemplar de cómo el hecho ya se daba por consumado. Un entusiasmo desproporcionado trasladado en forma de presión a los jugadores. Nuevo error. Una presión blanqueada por los propios futbolistas argentinos a través de las declaraciones de Javier Mascherano días antes de comenzar la competición. Error, otra vez. “Llegar a la final ya no nos alcanza de la boca del emblema de esta selección no sólo fue la legitimación de esa presión perentoria, también era el anuncio de que había dos resultados posibles: Argentina campeona de América o el fin de un ciclo. Lo que no resultó tan fácil de prever fue que todo se iría al demonio.

“Llegar a la final ya no nos alcanza“ de la boca del emblema de esta selección no sólo fue la legitimación de esa presión perentoria, también era el anuncio de que había dos resultados posibles: Argentina campeona de América o el fin de un ciclo. Lo que no resultó tan fácil de prever fue que todo se iría al demonio.

Recuerdos de un pasado muy reciente

En esta última final con Chile, durante la prórroga y en lo previo a los penales, los relatores y comentaristas argentinos recordaban escenas epopéyicas, tales como el “hoy te convertís en héroe de Mascherano a Romero y las posteriores atajadas de Chiquito o aquel cruce providencial del propio Jefe ante Arjen Robben, para envalentonar a los telespectadores unos minutos antes del desastre. Todos hechos (el cruce, la arenga y las atajadas) totalmente válidos y merecedores de ser rememorados en una ocasión como la que estaba ocurriendo. Lo irónico, y a fin de cuentas lo que generó la situación casi absurda y novelesca que abarrotó los medios de comunicación argentinos en estos días, es que todo eso le ocurrió al mismo grupo de jugadores. Esos momentos gloriosos, al parecer añejos, que refrescaban los periodistas se habían producido apenas dos años atrás y sus protagonistas habían sido los mismos que hoy se bajan de este proyecto porque fracasaron. Es bueno recordar la palabra proyecto en estos momentos en los que la AFA se encuentra en el meollo mismo de un quilombo considerable.

Basta recordar dos buenos porrazos cercanos en el tiempo para entender que ir a una competición sabiéndose ganador no es una buena estrategia: el que se dieron los propios argentinos en el mundial de 2002 y el que sufrieron los españoles en 2014.

Un final anunciado

En plena digestión de una nueva derrota ante el mismo rival con un año de diferencia, Gerardo Martino se encontró con que alrededor de la mitad de los jugadores que había convocado para participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro no iban a ser cedidos por los clubes locales. La desprolijidad de la AFA no era una novedad para el Tata, crítico desde la primera hora de la gestión de Grondona y sin pelos en la lengua a la hora de remarcar los errores organizativos del fútbol de su país. Pero esta vez fue demasiado y renunció.

El hueco que dejó Grondona (que como Francisco Franco tuvo que morirse para ser reemplazado), luego de una gestión autoritaria y monoteísta de 35 años de duración, es una laguna gris.

El fútbol argentino atraviesa su peor crisis en muchos años. El hueco que dejó Grondona (que como Francisco Franco tuvo que morirse para ser reemplazado), luego de una gestión autoritaria y monoteísta de 35 años de duración, es una laguna gris. Y el panorama no es muy alentador. Por un lado, un plantel de jugadores de máximo nivel que pone a la selección a siete minutos (el gol de Mario Götze) y a dos series de penales de la mejor performance de su historia es abucheado y virtualmente linchado por una parte de la opinión pública, de la hinchada, ¿cómo decirlo? ¿De la sociedad? El fútbol es buen espejo. En paralelo, una disputa encarnizada (y al parecer interminable) entre los dirigentes de los clubes para ver a quién le queda mejor la reestructuración de la dirigencia y la reformulación del fútbol en el país. Mientras tanto, la AFA es intervenida por la justicia y monitoreada por una comisión de la FIFA. En el horizonte inminente se ven los Juegos Olímpicos con la presentación de un equipo de emergencia comandado por el Vasco Julio Olarticoechea, uno de los personajes más unánimemente queridos por el mundo fútbol en Argentina. Mirar un poco más allá, los encuentros por Eliminatorias de septiembre con Uruguay de local y con Venezuela de visitante, se hace complicado. Y Rusia, bueno, hoy Rusia se ve tan lejos como lejos es.

Autor: Nacho Lopez

Nacho Lopez nació en el sanatorio Mitre un 19 de noviembre. Después, otro día, nació el escritor. En Buenos Aires cursó el primer año de Comunicación Social en un pequeño edificio, en la localidad de Merlo, que tuvo sus mejores épocas como bailanta tropical. Los años siguientes fueron en una antigua fábrica textil provista de aulas magnas con enormes ventanales industriales. Recordando a menudo esa extraño y noventoso modo de asignación edilicia argentino, ya en Barcelona, asistió a un puñado de cursos de narrativa en diversas aulas y bibliotecas de la ciudad condal, en la que actualmente vive y de la que a veces piensa con alivio: “ésta no va a poder conmigo”. Le gustan los libros, prefiere los de papel. Escribe en Verböten sobre libros o sobre la trascendencia de estos, sobre los autores de esos libros, acerca de su definitivo impacto.

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