Cartas para el universo | Verböten Magazine

Cartas para el universo, reflexión sobre las palabras

Los sonidos de la vida

Una pequeña reflexión acerca del poder de las palabras, la cimática y la Teoría de Cuerdas.

Hace un tiempo leía sobre unas nuevas teorías que se barajan acerca del origen del universo, su funcionamiento y en definitiva sobre nosotros mismos. Una de ellas, la Teoría de Cuerdas propone que los átomos no están suspendidos inertes en el universo sino que vibran al son de determinadas frecuencias y en consecuencia todo y todos terminamos moviéndonos al mismo compás; porque en definitiva los sonidos no son más que vibraciones transmitidas en forma de ondas que pueden propagarse a través del aire, el agua y por supuesto, nuestros cuerpos.

Solución de almidón y agua bajo la influencia de vibración sinusoide, como la que genera una copa de cristal con de agua pasando un dedo húmedo alrededor del borde.
La cimática es el estudio de la forma visible del sonido y la vibración, en la imagen puede verse una solución de almidón y agua bajo la influencia de vibración sinusoide, como la que genera una copa de cristal con de agua pasando un dedo húmedo alrededor del borde.

Siempre creí que la música, esta exquisita mezcla armónica de sonidos que tanto bien nos hace, accedía a ciertas regiones inexploradas de nuestra mente, cuerpo y alma y a la conjunción de ellos de una manera única. Que no nos regalaba simplemente una emoción pasajera en la discoteca de moda, sino más bien modificaba nuestra existencia  a un nivel molecular.

Leyendo ésto recordé que mi padre me contó que cuando dos violines estaban bien afinados podías tocar uno a un extremo de una sala y el otro sonaría espontáneamente.

Las palabras, al igual que la música, también poseen un ritmo, cadencia, color y afinación distintiva. Las oraciones religiosas no son solo efectivas por el nivel de sugestión del penitente. Un recién nacido no se tranquiliza en el pecho de su madre porque comprenda las “nanas” de consolación.

En fin… lo que quiero decir es que cantando, hablando, leyendo o escribiendo estamos sintonizándonos con el universo, y que con suerte y girando cuidadosamente el dial de nuestro corazón podemos llegar a dar un paseo por el infinito sin salir de casa.

Un ser humano sano y joven puede percibir frecuencias comprendidas entre los 20 Hz y los 20.000 kHz. Un perro hasta 60.000 kHz

 

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