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STMTS, street art griego en el New York Times

Stencils antisistema

Este artista griego, estudia en la Escuela de bellas Artes de Atenas y, a pesar de su juventud, su experiencia en el mundo del arte es amplia. Algunos de sus trabajos fueron publicados en The New York Times o The Guardian. Galerías de arte de Miami o Ginebra ya exhiben sus obras. STMTS es una de las grandes promesas del arte griego y europeo.

 

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-¿Recuerdas aquel primer contacto con el arte que te hizo considerar seguir este camino?
-Sí, cuando era un adolescente andaba por ahí con mi spray pintando las portadas de mis bandas favoritas y algún personaje de cómics que me gustaba pero fue recién en la universidad cuando comencé a dibujar en serio y aunque suene raro ¡comencé a hacerlo porque me aburría horrores durante las clases!

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-Vendes en galerías de arte pero los trabajos en la calle son gratuitos. ¿Son un regalo a la ciudad y su gente?
-Cuando trabajo en las calles me siento más libre, lo hago por puro placer… para mí y para la gente, ¡es mágico! Sientes que haces algo importante y mucho más interesante. De esta forma uno “vive” el arte, entra en contacto con su pieza y con la gente de forma directa e instantánea.

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-Y hablando de la gente ¿cómo reaccionan al verte trabajar?
-Desde mi experiencia debo decir que muy bien.. siempre en los primeros minutos la gente se muestra más curiosa y algunos se acercan y preguntan por qué hago lo que hago.. siempre digo lo mismo: el arte nos hace más felices. Una vez pinté en un lugar que no debía y la policía me detuvo, hablé con ellos, les expliqué porqué lo hacía ¡y me dejaron ir!

-“I love life” salió en  The New York Times. ¿Podrías contarnos algo de esta pieza?
-Con “I love life” quise mandar un mensaje al mundo, de que todos tenemos el derecho a amar nuestras vidas, de disfrutarla, ser libres de soñar y perseguir ese sueño. El niño les saca la lengua a todos esos “adultos” que coartan este derecho.
Grecia, como sabrás, no está pasando uno de sus mejores momentos y al parecer para los reporteros gráficos de este periódico, mi trabajo representaba el sentir de mi país.

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-¿Recuerdas tu primera venta?
-¡Sí! Fue hace tres años a través de internet, un hombre se interesó por uno de mis dibujos y termino por comprarlo. En aquel momento no me di cuenta mucho de lo que estaba sucediendo pero hoy debo decir que fue una linda experiencia.

-¿Qué opinas de la escuela de arte?
-Es una buena experiencia pero debes saber cómo explotarla y encontrar tu propio camino. Sin duda los profesores indicados pueden llegar a ser de mucha ayuda porque pueden guiarte en algunos momentos pero nadie podrá ni sabrá elegir por ti a la hora de crear.

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-¿Hay rivalidad en las calles por el espacio?
-Estoy seguro que si, pero yo soy de la idea de que hay muchas ciudades y con mucho espacio para todos.

-¿Cuánto te llevó “Moment”?
-El diseño no recuerdo pero pegarlo en la pared cerca de tres horas.

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-Seguramente es difícil de responder. ¿Cuál es tu trabajo favorito?
-Uff.. no te sabría decir, todos tienen su propia magia pero si debo decir algo me decantaría por las últimas piezas.

-Y para terminar, llegado el momento, si tu hijo te contara que quiere ser artista ¿Qué consejo le darías?
-Le diría que tiene que estar muy convencido de lo que quiere porque se va a encontrar con muchos obstáculos y solo el amor al arte le dará la fuerza para sobrepasarlos.

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Autor: Cristóbal Páez

Nació en Argentina a finales de los años setenta a orillas de la cordillera de Los Andes entre caña de azúcar, limones y una dictadura que ya despuntaba sus últimas locuras. Terminó la escuela como pudo y con 18 años se largo a viajar. Se unió a un circo en Buenos Aires, tocó el charango en las calles de Arequipa, comerció fósiles en el desierto de Atacama, vendió anillos en Rio y semillas para brujerías en La Paz. Llegó a la Europa de las vacas gordas y entre brindis y trasnochadas las vio adelgazar. El amor a las letras lo arrinconó en una de las esquinas de la vida, y con casi 34 años y la medida justa de rabia, fundó Verböten para escribir hasta morir o hasta que la tinta se acabe.

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