Entrevista a Lissy Elle Laricchia. Talento precoz canadiense

Entrevista a Lissy Elle Laricchia. Talento precoz canadiense

Imágenes imperdibles desde Nueva york

Conversamos con la artista y fotógrafa canadiense desde su estudio en New York. Pura fantasía, puro talento.

Fotografía clase 94

La artista autodidacta Lissy Elle Laricchia nació a mediados de 1994 en un pequeño pueblo de Ontario (Canadá). A los trece años tomaba su primera fotografía y con apenas diecisiete viajaba a Toronto (Canadá) para firmar con la que sería su primera agente. Actualmente vive en Nueva York (Estados Unidos), desde donde nos cuenta algo de su vida y obra. Lissy Elle Laricchia, imágenes imperdibles.

Lissy Elle Laricchia | Verböten Magazine
Lissy Elle Laricchia | Verböten Magazine

-No sabemos mucho acerca de la  escena artística de Ontario, ¿Qué tan difícil puede ser para un fotógrafo desarrollarse allí?
-Bueno, en el pueblo donde me crié si no te dedicas a hacer fotos de bodas o de licencias de conducir no vas a trabajar mucho que digamos. Nunca llegué a vivir en ninguna ciudad de relevancia cultural de Ontario pero cuando fui a Toronto a encontrarme por primera vez con la que sería mi agente, lo primero que me dijo fue: ¡Vete a New York! Su razones fueron pocas pero convincentes, me dijo que allí de vez en cuando podría encontrar algún cliente que quisiera darle un enfoque más artístico a su detergente para la ropa… y lo más importante, que debía ir donde los artistas van: New York City.

Lissy Elle Laricchia | Verböten Magazine
Lissy Elle Laricchia | Verböten Magazine

-¿Y cómo van las cosas en New York hasta ahora? 
-Mi intención fue dar un paso hacia adelante, crecer como artista. En ese momento no podía predecir cuánto ni cómo iba a mejorar pero hoy puedo asegurar que aprendí muchísimo acerca de mí, mi forma de trabajar y mis obras; sobre la industria y el campo donde me muevo.

-¿Cuánto te lleva una imagen como Lucid Dreaming?
-Ésta en especial dos días completos. Normalmente hago las fotos en una hora o dos y el resto del día lo invierto en la posproducción. Suelo esperar hasta el día siguiente para juzgarlas con la vista fresca y si me gusta lo que veo… las publico.

Lissy Elle Laricchia | Verböten Magazine
Lissy Elle Laricchia | Verböten Magazine

-¿Y cuál sería la más difícil o que más tiempo te llevó terminar?
-La verdad es que todas son muy difíciles, son proyectos muy personales, hay mucho de mí en ellas y jamás llego a estar 100% conforme con la imagen que tenía en mi cabeza. Por ejemplo, mi proyecto actual, The Concrete Jungle apenas son tres imágenes pero ya llevo tres meses entre hacer las fotos y editarlas.

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-Leí por ahí que eres autodidacta, ¿te gustaría ir a la escuela de arte alguna vez?
-No se qué tendrá la vida preparada para mí pero veo muy difícil que alguna vez asista a una escuela de arte. No me molestaría presenciar un par de buenas clases, tener acceso a equipos de primera y conocer a grandes de la industria pero bajo ningún punto de vista gastaría cuarenta mil dólares al año para que me digan qué debo y qué no debo hacer con mi inspiración.

-Tengo la impresión de que la cámara es sólo una herramienta para expresarte. ¿Estás buscando otros medios para darle forma a tus ideas?
-Solía pintar, dibujar y hacer todo tipo de cosas como estas pero jamás pude lograr un resultado satisfactorio, era frustrante porque yo veía claro lo que quería pero no podía darle forma. Pero desde que eché mano a mi primera cámara fue instantáneo, como si hubiera sabido hacerlo desde siempre… fue como enamorarme.

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Autor: Cristóbal Páez

Nació en Argentina a finales de los años setenta a orillas de la cordillera de Los Andes entre caña de azúcar, limones y una dictadura que ya despuntaba sus últimas locuras. Terminó la escuela como pudo y con 18 años se largo a viajar. Se unió a un circo en Buenos Aires, tocó el charango en las calles de Arequipa, comerció fósiles en el desierto de Atacama, vendió anillos en Rio y semillas para brujerías en La Paz. Llegó a la Europa de las vacas gordas y entre brindis y trasnochadas las vio adelgazar. El amor a las letras lo arrinconó en una de las esquinas de la vida, y con casi 34 años y la medida justa de rabia, fundó Verböten para escribir hasta morir o hasta que la tinta se acabe.

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