Mr. Robot, hackers, sexo, drogas y tecno-pop

Mr. Robot, hackers, sexo, drogas y tecno-pop

Un acierto de Sam Esmail.... ¿quién es Sam Esmail?

Sin lugar a dudas el estreno del año 2015 ha sido Mr. Robot. Una serie de la cadena estadounidense USA Network, protagonizada por un desconocido Elliot Anderson que explota como pocos el universo hacker.

Sin lugar a dudas el estreno del año 2015 ha sido Mr. Robot. Una serie de la cadena estadounidense USA Network, protagonizada por un desconocido Elliot Anderson que explota como pocos el universo hacker. El éxito del primer episodio fue tal que el mismo día de su emisión la compañía estadounidense firmaba una segunda temporada.
Mr. Robot, creación del escritor y director Sam Esmail, plantea desde la perspectiva de un joven informático con problemas de adaptación, la fragilidad de una sociedad supeditada a la tecnología y sus aristas. La problemática hacker, el movimiento antisistema, muerte, sexo, drogas y tecno-pop, son ingredientes comunes en cualquier cóctel hollywoodense pero, a excepción de algunos casos puntuales como Matrix o Hackers de Iain Softley, esta mezcla siempre ha terminado por fracasar. La historia que plantea el joven creativo Sam Esmail va cobrando fuerza con cada capítulo; clichés y lugares comunes, poco a poco van dejando paso a verdaderos aciertos narrativos y soluciones visuales originales. No acaba aquí, los amantes de las “vueltas de tuercas” y los trillers psicológicos encontrarán en Mr. Robot una pieza distinta y digna para su videoteca.

Mr. Robot, hackers, sexo, drogas y tecno-pop
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Autor: Cristóbal Páez

Nació en Argentina a finales de los años setenta a orillas de la cordillera de Los Andes entre caña de azúcar, limones y una dictadura que ya despuntaba sus últimas locuras. Terminó la escuela como pudo y con 18 años se largo a viajar. Se unió a un circo en Buenos Aires, tocó el charango en las calles de Arequipa, comerció fósiles en el desierto de Atacama, vendió anillos en Rio y semillas para brujerías en La Paz. Llegó a la Europa de las vacas gordas y entre brindis y trasnochadas las vio adelgazar. El amor a las letras lo arrinconó en una de las esquinas de la vida, y con casi 34 años y la medida justa de rabia, fundó Verböten para escribir hasta morir o hasta que la tinta se acabe.

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