El misterio de la felicidad

Guillermo Francella e Inés Estévez

Qué tiene de malo el “costumbrismo clasemediero”? Porque parece haber una larga fila de críticos que desvalorizan a Burman y a El misterio de la felicidad sólo por eso. No lo considero una virtud, pero sí una manera de acercamiento al espectador tan válida como cualquier otra, sobre todo por los temas que permite abordar. Dejemos de lado el facilismo con el que a veces moraliza este film en particular (que no tiene ‘Dos hermanos’ por ejemplo), la sobre explicación del final (innecesario sin dudas, aunque también extraño, en el buen sentido) o el alargamiento de escenas que podrían haber sido más graciosas en su dosis justa (como el principio); estas cuestiones no tienen que ver con que el film apunte a la clase media, sino a defectos independientes. Por el contrario, es el hecho de que la clase media pueda reflejarse en las historias lo que ha permitido que el cine argentino “sobreviva” (y soy bastante bueno con este término) a la hegemonía del cine mainstream de afuera (de Estados Unidos, para decirlo claramente), y no las películas intelectualoides (muchas geniales, muchas embolantes) premiadas en el BAFICI.

Producción argentina de 2013, dirigida por Daniel Burman y escrita junto a Sergio Dubcovsky, fotografía de Daniel Ortega, música de Nicolás Cota; y las actuaciones de Guillermo Francella, Inés Estévez, Alejandro Awada, Sergio Boris, María Fiorentino, Fabián Arenillas.
El misterio de la felicidad es una producción argentina de 2013, dirigida por Daniel Burman y escrita junto a Sergio Dubcovsky, fotografía de Daniel Ortega, música de Nicolás Cota; y las actuaciones de Guillermo Francella, Inés Estévez, Alejandro Awada, Sergio Boris, María Fiorentino, Fabián Arenillas.

“Hablan de ese nosotros que es la clase media de grandes ciudades que va al cine, poniendo demasiado en primer plano esos conflictos. Son, casi, sesiones de terapia narrativas donde los personajes a través de la puesta en escena van aprendiendo de sus conflictos y, en el mejor de los casos, resolviéndolos” (Diego Lerer: Micropsia).

Es difícil encuadrar a El misterio de la felicidad en un género/tono. Por supuesto, la presencia del siempre genial (tengo debilidad por este cómico) Francella implica comedia. Por su parte, la idea de poner en el centro a un hombre y una mujer unidos en una “aventura” implica, en general, romance. Sin embargo, nunca hay tanta comedia en la película, ni tanto romance. Ni tanto drama, a decir verdad, nadie se hace demasiada mala sangre por la desaparición de Eugenio. Sí hay un halo de intriga que rodea al film en todo momento: adónde y por qué se fue el susodicho. Esto lleva al intimismo de los personajes, a la nostalgia de los recuerdos y a cierto tono melancólico; a la reflexión sobre los deseos reprimidos, no abarcados o no explorados.

Prefiero partir el título y quedarme con una parte. Voy a dejar de lado aquella que invita a la reflexión sobre los deseos y la felicidad, parte que considero en el mejor de los casos naif, y en el peor, forzada y algo torpe obligando, por ejemplo, a la transformación súbita del personaje Laura (Inés Estévez) desde una neurótica insoportable a una mujer sensual, alegre y radiante. Me voy a quedar con ‘El misterio’, a secas. Primero porque la pérdida de ese amigo entrañable y socio de toda la vida llega más, y Francella lo hace más genuino y creíble; segundo porque aborda un tema poco frecuente como el desamor en la amistad; y tercero porque habla de dos temas interesantes, distintos aunque relacionados. Por un lado, lo insondable del ser humano: la mezcla entre quienes somos y quienes queremos ser, y la posibilidad de pasar de uno a otro, siempre difícil, pero siempre factible. Y, por otro lado, la relación entre esa “incerteza” y quienes nos rodean; o entre uno y esa falta de conocimiento total y pleno del otro, por más que el otro sea el amigo o la pareja de toda la vida. Esa “incerteza” produce miedo e inseguridad, pero también fascinación y sorpresa. ‘El misterio de la felicidad’ explota muy bien, de a ratos y en ciertas atmosferas, estas cuestiones.

Autor: Gonzalo Dujmovic

Argentino, ingeniero de profesión, cinéfilo de vocación. Mi pasión por el cine viene conmigo desde niño y un día, habiendo visionado cientos de films, decidí empezar a escribir lo que pensaba de ellos. Fruto de la pasión y el interés nació www.quecinemirar.blogspot.com, hoy con más de 300 críticas publicadas, así como mi posterior colaboración en Verböten. La crítica pertenece al arte de escritura y, por lo tanto, no tiene porqué tener una finalidad específica ni tiene porqué servir a algo o alguien. La crítica es una manera de opinar sobre lo que más me gusta y, tal vez, mis palabras encuentren del otro lado un lector que las disfrute, las comparta o no. El Centro Cultural Ricardo Rojas (dependiente de la Universidad de Buenos Aires), el Instituto Universitario Nacional del Arte y la prestigiosa revista porteña El Amante han sido y siguen siendo mis fuentes de formación como cinéfilo y crítico.

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